revista@idelcoop.org.ar
RESEÑAS
El dinero de los argentinos en manos argentinas: historia del cooperativismo de crédito
Número 232 / Año 2020 / Por Rubertone, Leandro
Daniel Plotinsky Buenos Aires, Ediciones Idelcoop, 2018
Revista Idelcoop, nº 232. Noviembre 2020 - ISSN 0327-1919 / Sección Reseñas
Idelcoop Fundación de Educación Cooperativa

El dinero de los argentinos en manos argentinas: historia del cooperativismo de crédito

Daniel Plotinsky, Buenos Aires, Ediciones Idelcoop, 2018

 

 

Leandro Rubertone[1]

 

En el contexto posterior a una nueva etapa neoliberal en el país, luego del tercer período de valorización financiera, -proceso marcado por la destrucción del mercado interno para la distribución del valor del trabajo argentino a favor de capitales financieros especuladores en su mayoría extranjeros- este libro recupera la historia del cooperativismo argentino del siglo XX en tanto movimiento social y pone el foco en la necesidad de la construcción de un mercado nacional de capitales.

El texto repara en el punto más concreto de la configuración del poder actual de la Argentina y del mundo; el lugar del capital financiero especulador que se alimenta de le depredación de los mercados internos nacionales para la generación de una deuda que alimenta intereses parasitarios, regando las economías de pobreza y marginación, al tiempo que va deteniendo los motores de los aparatos productivos.

Y dado el ingente aumento del endeudamiento en relación con el PIB mundial, la comprensión del fenómeno se transforma en algo imprescindible. Y es una de las razones por las que este libro también lo es.

Los grandes ejes temáticos del trabajo histórico son el rol del IMFC, el movimiento cooperativista nacional, la historia política y económica argentina que los rodea, y los debates que marcan el clima en cada momento. Plotinsky los desarrolla en una investigación historiográfica que detalla, a partir de la biografía del IMFC, la historia del cooperativismo de crédito en Argentina, como movimiento social y como actor político y económico. Enmarcándolos en los escenarios del país a partir de la segunda mitad del siglo veinte. Considerando, a su vez, las discusiones dentro del movimiento, desde el direccionamiento de las luchas políticas y la organización económica, hasta los planteos respecto del sentido mismo del cooperativismo. Con detalles que consideran la relación de fuerzas entre los actores, y analizando el peso político geográfico regional, y según cada rubro.

Pero la investigación no se limita a ser un diario de batalla, ya que no evade la lectura política y la conceptualización, y da cuenta de las variables más profundas de las problemáticas que aborda. En este sentido, el texto está organizado a partir de bloques esquemáticos, claros y concretos, lo que permite que la lectura sea dinámica.

El objetivo del trabajo, leído desde nuestro momento, pareciera ser la realización de un viaje a la historia del IMFC dentro del movimiento cooperativista, para encontrar la llave de una construcción de país diferente. Y en concreto esto abarca, no solo la problemática respecto de la necesidad de una banca nacional para el desarrollo de un mercado interno autónomo, sino también la discusión respecto de la necesidad de construcción de una identidad que pueda también dar la necesaria batalla cultural que nuestros días piden. No es solamente una herramienta para recordar el pasado, y buscar una dirección de lucha, sino para entender el presente.

El desarrollo de los capítulos parte de los orígenes del movimiento social y solidario, a partir de una breve reseña histórica de las primeras experiencias cooperativas a fines del siglo XIX. Desde las cooperativas agrarias, eléctricas, de crédito, hasta la consolidación del cooperativismo argentino en general, a mediados del siglo XX.

En segunda instancia el trabajo repara en el acelerado crecimiento del cooperativismo de crédito, en tanto actor que cubría las necesidades insatisfechas de servicios financieros de las pequeñas y medianas empresas, hasta el golpe de Estado de 1955. En ese marco el libro se detiene en la creación del IMFC a partir de 1958, como articulador y ordenador financiero del cooperativismo de base, al tiempo que promotor de la identidad de una porción cada vez más grande del cooperativismo como colectivo social.

Se detallan las jornadas del Congreso Nacional de Cooperativas de Crédito que dio origen al IMFC, como entidad de segundo grado de nivel nacional capaz de colocar excedentes a lo largo de todo el país, centralizando y organizando la información. También se observan detalles de los debates internos de la época en sus dimensiones estructurales, coyunturales y políticas, donde se planteaban posiciones a favor de un movimiento cooperativista supuestamente neutro, en contra de lecturas que defendían una militancia abierta que incluyera un proyecto de país.

Asimismo, allí también se aborda el crecimiento exponencial de las cooperativas de crédito hasta 1966, cuando el sector llega a detentar el 10% del total de los depósitos del sistema financiero nacional.

En el tercer capítulo el libro da cuenta de los ataques contra el cooperativismo de crédito-enraizados en los intereses de los grandes organismos internacionales-, que se inician a partir de 1960 y que adquieren mayor potencia a partir del golpe militar de 1966. Es interesante el rescate que se hace de las campañas de difamación hacia el movimiento cooperativista, construidas desde los medios masivos de comunicación para desgastar la legitimidad del sector, y que muestran prácticas nada ajenas a nuestros tiempos. Aquí el libro aborda las ofensivas de la dictadura al cooperativismo de crédito en su doble carácter: en tanto empresa financiera orientada al desarrollo de un mercado interno, y como movimiento social. Lo que termina resultando en el declive del lugar del cooperativismo de crédito dentro del sistema financiero nacional. El texto aborda también la resistencia a este proceso, basada en la movilización y la militancia activa, que va a permitir un resurgir de la actividad a partir de 1973 –proceso relatado en el capítulo 4-, y que incluyó cambios favorables hasta en el plano legislativo, pero que se cierra en 1976.

Por otro lado, se destaca de esta etapa la fundación de Idelcoop, en 1973, en coincidencia con el Primer Encuentro de Mujeres Cooperativistas, con la presencia de delegades de todo el país, y como iniciativa del Instituto Movilizador. Una fundación educacional para avanzar en las tradicionales actividades de capacitación cooperativa.

El quinto capítulo puede tomarse como una sinécdoque de los últimos cuarenta años del capitalismo argentino y de los movimientos de resistencia, que se han ido adaptando en sus luchas a pesar de los contextos que debieron atravesar. Allí se analiza la mal llamada “Ley” Nº 21.526 de Entidades Financieras y sus implicancias. Dicha norma se basó en la anulación de la Ley de Nacionalización de los Depósitos, y tuvo como objetivos facilitar la concentración, liberar las tasas de interés, reducir los controles y exigencias estatales para allanar la libre operatoria de los bancos con el fin de que los capitales pudieran salir y entrar del país con mayor facilidad. En concreto, significó la transferencia del sector industrial nacional a la banca especuladora internacional. Desde aquí se entiende qué es lo que vino a hacer la dictadura militar de 1976, en el sentido de reconfigurar la matriz del capitalismo argentino en favor de sectores financieros especuladores y exportadores de materia prima, destruyendo la alianza nacional y popular entre la industria nacional y la clase trabajadora argentina.

Aquí Plotinsky vuelve a rescatar la relevancia del paradigma propuesto por el IMFC, donde se defiende un mercado de capitales nacionales para una industria nacional y autónoma. Y la importancia que este proyecto adquiere como elemento central de las ambiciones de cualquier modelo que se pretenda inclusivo y autónomo. En este sentido el libro subraya la lucha librada por el movimiento cooperativo, que excedió largamente la oposición a esta norma que se proponía eliminar la forma jurídica cooperativa como base de la organización de servicios bancarios y prohibía a las cajas de crédito la captación de depósitos a la vista. Detallando, a su vez, la resistencia, organizada en torno al IMFC que consiguió, en ese país dominado por el terror de la represión, impedir la destrucción total del cooperativismo de crédito, permitiendo a las cajas de crédito la posibilidad de transformarse en bancos comerciales, conservando su forma jurídica cooperativa. En este sentido también se remarca la movilización de las bases sociales, arraigada en los valores colectivos del movimiento cooperativo.

Esa lucha del movimiento cooperativo contra las dictaduras militares de las décadas de 1960 y 1970, según Plotinsky, organizó los acontecimientos históricos en un sistema de representaciones que se narran en términos sociales como una épica fundante, y hacen al mito de la identidad cooperativa. Y esa identidad, proveniente de esa épica, será el elemento central en el sexto capítulo. El análisis se compone, además, de testimonios provenientes de entrevistas a dirigentes y funcionaries de entidades cooperativas, realizadas desde 1996 en el proceso de creación del Archivo Histórico del Cooperativismo de Crédito.

 

En el séptimo capítulo el libro relata el período que va desde los inicios de la década de 1980, en un contexto adverso a nivel internacional que se suma a la crisis heredada de la dictadura militar, donde se da un proceso de reducción de la cantidad de bancos que desemboca en la concentración de la banca durante los años noventa. Este período se cierra en 2001 con el fin de la convertibilidad, donde solo queda un banco cooperativo, Credicoop. Es dable de rescatar el proceso que aquí detalla el libro porque muestra que el modelo impuesto por la dictadura militar trasciende largamente, ya que continuó destruyendo el tejido productivo del mercado interno y transfiriendo valor del trabajo argentino a los mismos grupos económicos, durante décadas.

En ese sentido se analiza este proceso de transformación del Credicoop, a través del salvataje de la banca cooperativa, que se concentra para sobrevivir a nivel nacional.

En segunda instancia, a partir de mostrar la presión a la banca nacional y a la cooperativa en especial, el libro muestra una vez más la necesidad de reducir a un actor con un doble valor, en tanto movimiento social y como poseedor de un proyecto económico y financiero de país, antagónico del poder que se fue construyendo desde 1976.

 

El capítulo octavo pasa revista de la trayectoria del IMFC entre 1998 y 2016. El instituto fomenta cooperativas de trabajadores afectades por el modelo económico imperante, promueve nuevas cooperativas populares de crédito, fortalece relaciones con otras organizaciones del campo popular. El libro destaca aquí la importancia de la labor del Instituto no solo respecto de las reivindicaciones económicas concretas sino respecto de la batalla cultural. Aquí con más detalle a partir del destino de un apartado dentro del capítulo, pero como a lo largo de todo el trabajo, el autor da cuenta de la disposición continua de recursos para el debate respecto de un proyecto de país autónomo y solidario. En este sentido se relevan las trayectorias de las tradicionales estructuras dedicadas al ámbito cultural: el quincenario Acción, el sello editorial, el Departamento Radiofónico e Idelcoop. Pero especialmente, y por ser propia de esta etapa, la fundación del Centro Cultural de la Cooperación (CCC) en 1998, en un contexto económico y socialmente muy adverso. Lo que marca un detalle de la tendencia del IMFC en general, visible a partir de la mirada de Plotinsky y es que la economía no ha minado su tenacidad para entender la importancia, ni para avanzar en esa batalla cultural. Finalmente, el CCC pudo contar con edificio propio a partir de 2002.

 

En el anteúltimo capítulo el protagonista será el Banco Credicoop. Tras reseñar su nacimiento, como parte de las cajas de crédito de La Plata y la Ciudad de Buenos Aires que se unen en 1979, para conformarlo; el autor esquematiza cuatro grandes etapas del banco, que van desde su reconfiguración organizacional para convertirse en una gran organización bancaria cooperativa nacional en el período 1979-85, hasta su transformación en el único banco cooperativo del país a partir del 2001, luego de un proceso de fusión con otros bancos cooperativos que le dan su carácter nacional.

Además, el texto da cuenta de su actualidad y proyectos, destacando su actividad a partir de dos ejes: el desarrollo del proyecto “Credicoop y la comunidad” y el lanzamiento de un proceso para profundizar y enriquecer la actividad institucional a través de la generación de un plan de gestión institucional para la organización, en el marco del llamado Modelo Integral de Gestión, propuesto a través de un extenso debate. Se detalla en este sentido, la gestión en sus distintos niveles, reivindicándose la necesidad de una banca nacional para un mercado interno.

 

El último capítulo brinda una lectura breve respecto del panorama del cooperativismo de crédito con posterioridad a la crisis de 2001, marcado por la ambivalencia del alcance de ciertos avances, en un contexto social y económico no siempre favorable, y donde el aspecto jurídico es aún contrario a los intereses de una banca nacional, social y solidaria. Fenómeno fácilmente visible en la vigencia de la ley de entidades financieras. Ley fundamental, respecto de la cual el IMFC ha reclamado en reiteradas oportunidades la necesidad de su reemplazo por otra. Y donde variados intentos, como la modificación de la carta orgánica del Banco Central en 2012, han demostrado no ser suficientes para modificar unas relaciones de poder que se han solidificado desde 1976 en una sola dirección.

El cierre del libro está relacionado con la reivindicación del IMFC y su trayectoria, a partir de su capacidad de sostener los valores democráticos del movimiento cooperativo. En consonancia con la eficiencia económica, resultó ser un actor que no optó por prácticas propias de privados capitalistas, y aun así ha trascendido el tiempo.

 

Este es, en suma, un libro de gran actualidad, que remarca la necesidad de conocer la estructura de poder de la Argentina, la capacidad de acción de los sectores más concentrados plasmada en el entramado legal dispuesto a partir de la última dictadura militar. Porque señala fundamentalmente dos elementos clave; en primera instancia, a partir de qué prácticas se construye la acumulación del capital financiero en la Argentina que distribuye los recursos desde las clases trabajadoras hacia el sector financiero especulativo; y por otro lado, que entender esta problemática debe ser una herramienta necesaria para la discusión respecto de la construcción de un movimiento nacional y popular inclusivo, que pueda estar a la altura de lo que la correlación de fuerzas del actual escenario demanda.

 

[1] Investigador Centro Cultural de la Cooperación, departamento de Cooperativismo. Correo electrónico: leandro.rubertone@gmail.com.